Nietzsche sabía que todo es ficción, y que el único peligro de las ficciones es creérselas definitivamente. La imaginación no es mala, nos hacemos relatos y nuestra biografía también lo es. Pero hay que preguntarse siempre al servicio de quién se pone cada relato (y cada biografía, por tanto) y no olvidar que cada relato es o debería ser nuestro, que somos nosotros mismos quienes debemos crearlos y manejarlos, y no al revés. Es decir, según Nietzsche, que no podemos olvidar que somos artistas, creadores, escritores, inventores de nuestros propios relatos; y que, como los artistas y los escritores, no tenemos derecho a imponer que nadie se los crea y se someta a ellos; nadie, tampoco nosotros mismos.
El problema es el olvido. Artistas y escritores, ciertamente, son más sinceros que los economistas. No olvidan sus ficciones, no olvidan que las ficciones son ficciones, y no las utilizan para utilizar a los demás. El arte es más sincero que la vida. Da como ficción lo que es ficción, y, como, quería Nietzsche, nos hace creadores en vez de súbditos.
Fernando Rampérez
