«¿Se podría escribir un relato sobre un joven, hijo de un siervo, durante un tiempo dependiente de un comercio, niño de coro, escolar, estudiante universitario, acostumbrado a adular a los importantes, a besar la mano a los popes, a aceptar sin preguntas las ideas de los demás y a expresar su gratitud por cada bocado de pan que come; un joven que ha sido azotado con frecuencia, que va sin chanclos a dar lecciones, que se mete en peleas callejeras, tortura animales, gusta de ir a comer a casa de sus parientes ricos, y se comporta de modo hipócrita respecto a Dios y al hombre, sin la más leve excusa, sino sólo porque es consciente de su propia indignidad; se podría escribir un relato de cómo ese joven va extrayendo de sí mismo al esclavo, gota a gota, y cómo, al despertar una mañana, siente que la sangre que corre por sus venas es sangre de verdad y no sangre de esclavo?»
Antón Pávlovich Chéjov

“La Fuerza no es sino Dolor –
Amarrado, con Disciplina”
(E. Dickinson)