Feeds:
Entradas
Comentarios

El desasosiego del cuerpo cansado mientras espero el tren: en esta oscuridad la lectura se detiene. Ausencia que se siente apenas por unas luces.

Desde donde estoy: la embocadura quieta en la que —en algún instante— aparecerá el tren: congelación del transcurso. El camino es la lectura, o viceversa. Señales, crucigramas, laberintos que el cuerpo no inventa. Arte de la memoria interpretar estos neologismos del azar. En la viscosidad de los mensajes jirones de angustia, absurdo. El cuerpo no inventa, sobrevive. Al otro lado del andén pequeños garabatos que se alejan apresuradamente. Nada vibra entre los hierros, en las escaleras que ascienden a la salida, en el corto tramo de vías que se esfuma en la noche.

Necesidad de inventarse de continuo a uno mismo. El arte de la supervivencia: su variedad infinita me sobrecoge.

He dejado atrás el ruido de las puertas al cerrarse. Mientras camino por la estación hacia la salida, el fragor de los últimos vagones aún llena el estrépito del pensamiento. Las señales parece que necesitaran mostrarse entre chirridos, golpes de color, susurro de voces. Como el fuego, forjar lo inexpugnable, colmar los huecos con su presencia estridente, escandalosa.

La calma, que es más bien la angustia del vacío, practica un artilugio del disimulo, una estética del pliegue que la conserva en la invasión.

Funcionar como una máquina. Todas sus partes aceradas. El juego de bielas, tornillos, ruedas, siempre a punto. Muerte por desgaste. Sobrevivir oculto en medio del ruido, en el silencio entre las palabras.

Santiago Mercado

Diciembre de 1978

Sangre de verdad

«¿Se podría escribir un relato sobre un joven, hijo de un siervo, durante un tiempo dependiente de un comercio, niño de coro, escolar, estudiante universitario, acostumbrado a adular a los importantes, a besar la mano a los popes, a aceptar sin preguntas las ideas de los demás y a expresar su gratitud por cada bocado de pan que come; un joven que ha sido azotado con frecuencia, que va sin chanclos a dar lecciones, que se mete en peleas callejeras, tortura animales, gusta de ir a comer a casa de sus parientes ricos, y se comporta de modo hipócrita respecto a Dios y al hombre, sin la más leve excusa, sino sólo porque es consciente de su propia indignidad; se podría escribir un relato de cómo ese joven va extrayendo de sí mismo al esclavo, gota a gota, y cómo, al despertar una mañana, siente que la sangre que corre por sus venas es sangre de verdad y no sangre de esclavo?»

Antón Pávlovich Chéjov

Epitafios

Fu I

Fu I amaba la alta nube y la colina,

Ay, murió de alcohol.

Li Po

Y Li Po también murió borracho.

Quiso abrazar una luna

En el Río Amarillo.

Ezra Pound

haiku

yonaka no
fusuma tóku
shimeraretaru

A medianoche

han cerrado a lo lejos

una mampara.

JÓSAI

haiku

kugi-bako no

kugi ga minna

magatte iru

Todos los clavos

de la caja de clavos

están torcidos.

JÓSAI

NO

p1060512.jpg

Se agujerean puertas y ventanas para hacer la casa,

y la nada de ellas es lo más útil para ella.

Así pues, en lo que tiene ser está el interés.

Pero en el no ser está la utilidad.

(Lao Tsé)

Balsaín

p1060444.jpg

Santiago Mercado, 1987 

Surge y se esconde la montaña azul. Vase el agua hacia el infinito.
Muere el otoño al sur del río, mas la hierba está aún viva.
Lucen bajo la luna los veinticuatro puentes.
¿En dónde, hombre de jade, haces tocar la flauta?

Tu Mu

p1060372.jpg

Santiago Mercado

6.

Cada vez que vuelves

donde empezó la ausencia

(…) el hueco roto y tapado

pasa inadvertido de nuevo.

Adrienne Rich

p1060368.jpg

4. (fragmento)

La voz que te solía llamar a casa

ha salido al viento

golpeada en el aire más delgado

rodando por otras calles

o quizás la boca se quemó hasta ser ceniza

quizás la lengua se rasgó

el pulmón enfermo le ha robado el aliento

o el miedo le ha robado el aliento

quizás con otro nombre

canta en la emisora A.M.

“y si supieras, ¿qué sabrías?”

Adrienne Rich


Almenar

acuarela-sms-031120072b.jpg

Santiago Mercado

LA VISIÓN

Cuando la vida de los hombres va perdiéndose,
Como una lejanía donde resplandeciera el tiempo de los sarmientos,
Vacía contémplase la campiña del Verano,
Con oscura imagen el bosque aparece.

Que la Naturaleza termine la imagen de los tiempos,
Que se demore, hasta alcanzar
La perfección, y que la cima de los cielos
Para los hombres brille, como árboles de flores estallantes.

24 de Mayo de 1748.

Humildemente, Scardanelli

Friedrich Hölderlin, Poemas de la locura

Traducción de Txaro Santoro y José María Álvarez

Older Posts »