La unidad humana elemental no es el cuerpo -el individuo, sino la forma-de-vida.
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La forma-de-vida no está más allá de la nuda vida, es más bien su polarización íntima.
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Cada cuerpo está afectado por su forma- de-vida como por un clinamen, una inclinación, una atracción, un gusto. Aquello hacia lo que tiende un cuerpo tiende asimismo hacia él. Esto vale sucesivamente para cada nueva situación. Todas las inclinaciones son recíprocas.
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Este gusto, este clinamen puede ser conjurado o asumido. La asunción de una forma-de-vida no es solamente el saber de tal inclinación, sino el pensamiento de ésta. Llamo pensamiento a lo que convierte la forma-de-vida en fuerza, en efectividad sensible. En cada situación se presenta una línea distinta de todas las demás, una línea de incremento de potencia. El pensamiento es la aptitud de distinguir y de seguir esta línea. El hecho de que una forma-de-vida no pueda ser asumida sino siguiendo el incremento de la potencia, lleva consigo esta consecuencia: todo pensamiento es estratégico.
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Mi forma-de-vida no se relaciona con lo que yo soy, sino con cómo yo soy lo que soy.
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La cuestión de saber por qué tal cuerpo es afectado por tal forma-de-vida más que por tal otra está tan desprovista de sentido como la de saber por qué existe algo en vez de nada. Esta cuestión señala solamente la negación, a veces el terror a conocer la contingencia. Más aún, a darse cuenta de ella.
Hay un autor que he leído recientemente y que me ha impresionado a este respecto, y es que creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre. Creo que el hombre que lo ha dicho, el artista, el escritor que lo ha dicho con mayor profundidad es Primo Levi. Supo hablar de esa vergüenza de ser hombre, y él lo hace a un nivel enormemente profundo, porque lo hizo después de volver de los campos de exterminio… salió de allí con… dice: «Sí, cuando fui liberado, lo que dominaba era la vergüenza de ser un hombre». Se trata de una frase a la vez muy espléndida, creo, muy bella, y además no es algo abstracto, la vergüenza de ser hombre es algo muy concreto… Pero no quiere decir las tonterías que podrían hacerle decir. No quiere decir: «somos todos asesinos»; no quiere decir: «somos todos culpables, por ejemplo, por el nazismo»… Primo Levi lo dice admirablemente. Dice: «Esto no significa que los verdugos y las víctimas sean los mismos». No conseguirán que creamos eso. Hay muchos que nos cuentan: «Sí, somos todos culpables», pero no, no, no, en absoluto. No harán que confunda al vérdugo con la víctima. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre no quiere decir: «somos todos iguales, estamos todos comprometidos». Sino que quiere decir, a mi modo de ver, varias cosas, es un sentimiento complejo, no es un sentimiento unificado… La vergüenza de ser un hombre quiere decir a la vez: ¿cómo es posible que hombres hayan podido hacer eso, –es decir, hombres que no son yo mismo? ¿Cómo es posible que hayan podido hacer eso? Y, en segundo lugar: ¿cómo es posible que a pesar de ello yo haya transigido? No me he convertido en un verdugo, pero no obstante he transigido bastante para sobrevivir. Y luego una cierta vergüenza, precisamente, de haber sobrevivido, en lugar de algunos amigos que, por su parte, no sobrevivieron a todo aquello. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre es un sentimiento extraordinariamente compuesto. Yo creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento muy vivo de una cierta vergüenza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre ha encarcelado. El hombre no deja de encarcelar la vida, no deja de matar la vida. La vergüenza de ser un hombre: el artista es aquel que libera una vida, una vida potente, una vida que es más que personal, que no es la propia vida.
No existía un vehículo viable a través del cual pudiera expresarse la lucha de los negros. Federico Engels explicó que la naturaleza aborrece el vacío. Este vacío lo llenaron diferentes sectas religiosas que utilizaban discursos radicales contra la opresión racista.
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Malcolm finalmente comprendió las limitaciones del nacionalismo negro como solución a la opresión racista que el capitalismo imponía a las masas negras. Un mes antes de su asesinato recordó en una entrevista su reunión con el embajador de Argelia en Ghana: “(…) Cuando en mayo fui a África, a Ghana, estuve hablando con el embajador argelino, que es un hombre muy militante y un revolucionario en el sentido más genuino de la palabra (…) cuando le dije que mi filosofía política, social y económica era el nacionalismo negro, preguntó ¿dónde quedaba él? Porque él era blanco. Era un africano, pero era argelino y con toda la apariencia de un hombre blanco. Le dije y le definí mis objetivos con la victoria del nacionalismo negro, pero ¿dónde quedaba él? ¿Dónde quedaban los revolucionarios de Marruecos, Egipto, Iraq y Mauritania? Me demostró que me estaba alejando de personas que eran verdaderos revolucionarios, dedicados a derrocar el sistema de explotación que existe sobre este planeta por cualquier medio necesario”.
También comprendió que la naturaleza corrupta del capitalismo era la causa de la opresión racista. “No puedes tener capitalismo sin racismo”, dijo en un mitin en Harlem. En otra ocasión, cuando estaba hablando sobre las luchas de liberación en África dijo lo siguiente:
“No puedes dirigir el sistema capitalista a menos que seas un buitre (…) mostradme un capitalista y os mostraré un succionador de sangre”.
Incluso fue más allá. La siguiente cita demuestra que estaba girando hacia una posición de clase:
“Estamos viviendo en una época de revolución y la rebelión de los negros norteamericanos es parte de la rebelión contra la opresión y el colonialismo que caracterizan esta época… Es incorrecto clasificar la rebelión de los negros como un simple conflicto racial de los negros contra los blancos, o como un problema puramente norteamericano. Más bien hoy estamos viendo una rebelión global de los oprimidos contra los opresores, del explotado contra el explotador”.
Nietzsche sabía que todo es ficción, y que el único peligro de las ficciones es creérselas definitivamente. La imaginación no es mala, nos hacemos relatos y nuestra biografía también lo es. Pero hay que preguntarse siempre al servicio de quién se pone cada relato (y cada biografía, por tanto) y no olvidar que cada relato es o debería ser nuestro, que somos nosotros mismos quienes debemos crearlos y manejarlos, y no al revés. Es decir, según Nietzsche, que no podemos olvidar que somos artistas, creadores, escritores, inventores de nuestros propios relatos; y que, como los artistas y los escritores, no tenemos derecho a imponer que nadie se los crea y se someta a ellos; nadie, tampoco nosotros mismos.
El problema es el olvido. Artistas y escritores, ciertamente, son más sinceros que los economistas. No olvidan sus ficciones, no olvidan que las ficciones son ficciones, y no las utilizan para utilizar a los demás. El arte es más sincero que la vida. Da como ficción lo que es ficción, y, como, quería Nietzsche, nos hace creadores en vez de súbditos.
Zeitnot: significa “apuros de tiempo”. Se aplica cuando a un jugador le queda muy poco tiempo en el reloj para completar la partida.
Esta es la jugada en que siempre se pierde. Uno está obligado a jugar, pero tiene problemas con el tiempo, cree controlar la situación, il tempo, pero le toca jugar y sus únicas posiblidades son un zugzwang, un trébuchet. ¡Qué banal el narcisismo que le ha hecho concebir que dominaba el tiempo, que tenía conciencia!
18 de junio de 1991
Sin embargo, este descanso fracasado, de origen evidentemente somático o «psicosomático», a veces se presenta como un desafío a la inteligencia, o mejor dicho, a la imaginación del soñador que, en el curso de un sueño o de una secuencia hipnagógica que debería desembocar en descanso, tiene dificultades para seguir su camino y ya no encuentra una continuación plausible para la secuencia que está soñando. Parece un jugador de ajedrez que, llegado a una posición crítica de la partida, es incapaz de encontrar una buena jugada para continuarla. La sanción no tarda en caer: al final perderá, víctima del Zeitnot, o arriesgará un golpe débil que le hará perder la partida.
LLegado a este punto se impone otra tradición conceptual completamente diferente y nueva, y habrá que preguntarse hasta qué extremos ésta nos puede ayudar. Me estoy refiriendo a todo eso que guarda relación con el concepto de “persona”. Como se sabe, la palabra, así como la correspondiente griega de “prosopon”, designa la máscara del actor y, con ello, también el papel que el actor desempeña en el teatro ático y el papel de cada cual en el teatro del mundo. Lo mismo vale para su equivalente latino (”persona”). [Continúa]
Nunca he logrado poder participar de aquella idea del «sujeto autónomo» de la Ilustración. «El Yo no es más que un campo de batalla», me dijo un día un amigo. [Continúa]
¿Cuánto le deben nuestras raíces a los libros que hemos leído? Todo, mucho o nada: según el ambiente en el que hayamos nacido, la temperatura de nuestra sangre, el laberinto que la suerte nos haya asignado.